Entrevista a Monseñor Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix & Presidente de la Comisión Episcopal de MCS

Entrevista a Monseñor Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix & Presidente de la Comisión Episcopal de MCS

 

Cerca ya de cumplir los 54 años, es uno de los miembros más jóvenes del episcopado español. Mons. Ginés García Beltrán ha desarrollado su vida sacerdotal en la diócesis de Almería donde ha sido profesor, capellán, párroco, responsable de distintas delegaciones diocesanas, vicario general…
Especialista en derecho matrimonial fue nombrado obispo de Guadix-Baza en 2010 y desde marzo de  2014 es el presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social.

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Lo primero, ¿quién es Ginés García Beltrán?

Soy el obispo de Guadix. Un cristiano, que llamado por el Señor a ser sacerdote, busca cada día hacer lo que Dios quiere. Un hombre feliz al poder servir a Jesucristo en los hermanos. Cada etapa de mi vida, cada servicio que la Iglesia me ha pedido ha sido la oportunidad para descubrir la grandeza del amor de Dios y la bondad de los hombres y mujeres de los que tanto he aprendido y sigo aprendiendo.

 

¿Cuándo y cómo nace y crece su interés por el uso de los medios de comunicación social en la Iglesia?

Siendo sacerdote en Almería había colaborado en varias ocasiones con programas de radio o TV local. Al ser nombrado obispo, la Asamblea de los Obispos del Sur de España me pidió que me encargara de los MCS, y así comenzó mi mayor vinculación a este ámbito de la pastoral. Al mismo tiempo comencé a formar parte de la Comisión episcopal de MCS de la CEE.
En estos años, lo que entiendo como una llamada de la Iglesia a ocuparme de este campo de la pastoral, se ha convertido en una parte muy importante de mi vida y ministerio. Aunque sigo siendo un aficionado, lo cierto es que he aprendido mucho, y es un campo que me interesa verdaderamente.

 

Como uno de los obispos españoles más jóvenes, ¿qué uso hace de los medios y en qué le sirven para su trabajo diario?

Diría que soy un sujeto pasivo en cuanto que me acerco a los medios buscando la noticia, la información, incluso la formación. Leo prensa, oigo radio, veo TV, y, por supuesto, utilizo las redes sociales. Además, ahora soy también sujeto activo que participa en ellos desde mi condición de Obispo.
Los medios, medios son. Por eso, los utilizo para mi interés personal y profesional; y claro que me sirven en mi trabajo; me acercan a los demás, hacen posible que mi voz y el mensaje que quiero transmitir lleguen de un modo más eficaz. Por ejemplo, el twiter que utilizo sólo para transmitir el Evangelio llega a muchas personas que a su vez lo retwitean. Buena parte de ellos son jóvenes de esta diócesis.

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En la actualidad ¿cuál es su balance sobre la comunicación en la iglesia española?

Creo, sinceramente, que estamos en un buen momento en lo que a la comunicación se refiere. Hemos avanzado y estamos avanzando en la técnica, en la presencia, y, sobre todo, en los profesionales. Creo que hemos tomado conciencia de la importancia del mundo de la comunicación como medio indispensable de la evangelización. Tenemos también voluntad de estar en este mundo, de ser una presencia activa y creíble en la sociedad. Aunque no siempre se note, estamos muy presentes y con ganas de hacerlo bien.
En este sentido, no quiero olvidarme de aquella generación de comunicadores de la Iglesia que marcaron una época gloriosa: Martín Descalzo, Javierre, Antonio Montero, y un largo etc. Desde esa generación han sido muchos los que se han formado en la comunicación, y hoy, gracias a Dios, tenemos en la Iglesia un número grande de comunicadores que hace su trabajo francamente bien. Sin olvidar a tantos profesionales católicos que hacen presente el Evangelio en el mundo de la comunicación en general.
Esto no me invita a la complacencia. Sé que hay muchas, muchísimas cosas que hay que cambiar o mejorar en la comunicación de la Iglesia.

 

¿Cuáles son las principales “asignaturas pendientes”?

Creo que una de las asignaturas más importantes es llegar a perder el miedo a los medios de comunicación, sobre todo a los medios modernos; y esto empezando por los obispos y sacerdotes. Es fundamental la formación, y no sólo de los profesionales, sino de los que nos dedicamos a la pastoral, o ¿acaso el Evangelio no es noticia que se ha de comunicar? Nadie pone en duda que en una parroquia debe haber catequistas, ministros extraordinarios de la Comunión, o quien se dedique a la caridad; ¿pero somos conscientes de la necesidad de personas que comuniquen en el interno de la comunidad, y de ésta hacia fuera?

 

Otra asignatura es la presencia evangelizadora en el mundo tan complejo de las comunicaciones, la relación humana y cercana con los profesionales de la comunicación, tantas veces tan faltos de conocimiento de la fe y de la vida de la Iglesia, y por ello tan lejanos a nosotros. Hemos de hacer de la comunicación una posibilidad de encuentro, de cercanía, y hasta de afecto.
No puedo olvidarme de la identidad y de las posibilidades evangelizadoras que habían de tener los once centros universitarios de comunicación de identidad católica que existen en España.
También hemos de consolidar nuestra presencia en la radio y TV de identidad católica. Tenemos que contar con medios propios que miren  a la realidad desde el Evangelio y la enseñanza de la Iglesia que en él se inspira. Cuánto tiene que decir a nuestro mundo la doctrina social de la Iglesia, y qué pocos la conocen o se inspiran en ella.
A todo esto se une la puesta al día de los aspectos técnicos y humanos de la comunicación.

 

¿Qué aspectos considera prioritarios y a mejorar en el futuro?

Creo que lo prioritario es estar presentes en la sociedad para evangelizar. Y para ello hay que bajar hasta la gente y tener una palabra y un testimonio cercano y creíble. Para esto es fundamental el estilo con el que lo hacemos. Insisto en el hecho de perder el miedo de estar en el mundo de las comunicaciones; cada uno desde su lugar, pero estar.

 

¿Faltan medios, recursos, profesionalidad….?

Efectivamente, nos falta casi de todo, pero tenemos la mejor noticia para comunicar: Jesucristo. La grandeza y la belleza del contenido suple la pobreza de los medios. Aunque esto no es una llamada al conformismo, todo lo contrario. Es una invitación a la audacia.

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Aunque se ha avanzado en este terreno ¿piensa que hay mucho por hacer en el uso de las redes sociales como twitter, facebook,etc?

Nos queda mucho trecho por caminar en el mundo de las redes sociales, pero existen realidades muy esperanzadoras, de gran calado y de enorme futuro. Pienso ahora en IMisión, una iniciativa de un grupo de jóvenes cristianos que se ha introducido en el mundo digital con mucho éxito. Y cómo ellos muchísimas iniciativas más.

 

¿Piensa que son efectivas, útiles para la información o la simple curiosidad, o que pueden servir tanto para acercar como para aislar a muchas personas?

Las redes sociales son una realidad, y no podemos mirar para otro lado. Claro que son efectivas, con sus límites. Insisto, son un medio y nunca un fin. Como todos los medios pueden unir y pueden aislar. Lo importante es enseñar a utilizarlas bien y servirse de ellas para el bien y nunca para el mal.

 

¿Considera que hay que estar presente en las redes sociales por encima de los riesgos que puede acarrear su uso y su presencia en ellas?

Creo que hay que estar presentes en ella a pesar de los riesgos, siempre sin perder la identidad. La experiencia, al menos hasta ahora, me dice que es mucho más lo positivo que lo negativo. Como Obispo estoy en ellas para cumplir una misión, no más.

 

El papa Francisco es sin duda un buen ejemplo en su uso para llegar a gentes de toda condición y en cualquier rincón del mundo, para llegar a las “periferias”…

El Papa es un ejemplo de comunicador. Nadie puede negar que comunica muy bien, que sabe unir perfectamente la palabra con los gestos. No busca lo medios por sí mismos, de hecho ironiza con su poca propensión a salir en ellos, pero los utiliza siempre para llevar una noticia. Además, lo hace con naturalidad y sencillez, lo que produce en el receptor la impresión de cercanía y hasta de familiaridad. El Papa ha llegado a ser alguien de nuestro mundo cotidiano.
Está claro que los medios de comunicación amplifican la voz, llegan hasta las periferias.

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Además de los medios de comunicación social, ¿qué papel puede y debe jugar el patrimonio eclesiástico para el fin primero de la iglesia, el de transmitir el Evangelio?

Todo en la Iglesia es pastoral, y todo debe estar al servicio de la evangelización. Como dice el beato Pablo VI: “La Iglesia existe para evangelizar” El patrimonio de la Iglesia es el fruto precioso de la fe. Lo que ahora contemplamos con admiración por su belleza, es la expresión de la fe de generaciones de cristianos que ha llegado hasta nosotros. En el patrimonio encontramos una fe pensada, profesada, celebrada y vivida.

 

Creo que hemos de dejar que el patrimonio hable por sí mismo; que hable a través de la belleza, de la fe de los que lo hicieron y de los que lo conservan. El patrimonio debe servir para lo que fue creado. Quizás debemos ser más sencillos a la hora de presentar nuestro patrimonio. Eso sí, explicarlo bien; y mucho más a la nuevas generaciones, donde la ignorancia con respecto al hecho religioso será mayor.

 

¿Cómo valora la profesionalización de la promoción y de las visitas a la catedral de Guadix?

La valoro positivamente. Creo que se ha hecho un buen trabajo que, sin duda repercute, y repercutirá en la acogida de la Catedral a los visitantes. Estamos ante el edificio más importante y emblemático de la Ciudad; es un atractivo para muchos, por eso, todo lo que ayuda a ser presentado en su belleza es muy positivo.

 

¿Considera que hay que dejar paso a la innovación y el desarrollo tecnológico para mejorar esa gestión del patrimonio?

Sin duda, que la innovación y el desarrollo tecnológico son una ayuda para mejorar la gestión. Si hay buen género, hay muchas posibilidades; por eso hay que explotarlas.

 

¿Qué aspectos habría que mejorar en esa utilización del patrimonio para el diálogo fe-cultura?

Hemos de proponer, y hacerlo con imaginación. Como he dicho antes, el patrimonio habla por sí mismo. Es un elemento claro de diálogo, de encuentro. Nuestro patrimonio es la fe hecha cultura. Con el patrimonio los esfuerzos que hemos de hacer han de ser mínimos para que dialogue la fe y la cultura; basta con que lo dejemos hablar y dejemos que sean lo que son, y para lo que nacieron.

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